Silencio aportado por...
Ignacio Ferrando

Los simios nos llevamos mal con el silencio, las víboras, los higienistas; hoy, ayer todos siempre nos llevamos mal con el silencio. Pero mañana, lo más probable y preocupante, es que ni siquiera exista ese espacio para el silencio en nuestras vidas. El temblor, la congoja, la imperiosa necesidad de arreglarlo todo a base de sonidos metálicos, de monedas de cobre, la tentación natural de sepultarlo a base de paletadas de movimiento, de instrucciones aulladas, a base de arcadas de ruido y carreras emprendidas a ninguna parte y de ninguna parte. Reconozcámoslo, Mallarmé, hoy, ayer, mañana, el silencio se extingue poco a poco y su espacio, cinco minutos hoy, debe ser acodado atirantando las garras que lo protegen de su falaz envoltura. Si nos llevamos mal con el silencio es por puro terror, reconozcámoslo, poeta, por no tener que habitar ni un segundo más con nosotros mismos, ni contigo, ni con el estúpido que se agita entre opiniones robadas; la tentativa de odiarnos si vemos el interior, lo que hay agazapado. Mallarmé y cinco minutos donde la palabra suplanta el silencio, aunque sea cierto que no existe y sea puro terror y pánico y al final se reduzca a lo que tú eres: arena finísima colándose, grano a grano, entre los dedos.
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Foto de Rafa Turnes